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Fernando Alarza firma la duodécima plaza en una carrera de supervivencia en Tokio

Fernando Alarza

Fernando Alarza fue duodécimo en la prueba de Triatlón de los Juegos Olímpicos de Tokio, una carrera de supervivencia, caracterizada por las altas temperaturas y donde el de Talavera de la Reina tuvo que ir adaptándose a todas y cada una de las piedras que le llegaban por el camino, que la verdad es que no fueron pocas.

Empezaba con un hecho más que curioso como fue esa salida nula en la que una lancha atravesada junto a la línea de salida impedía que la mitad de los participantes saltaran del pontón y que la otra parte se lanzaran al agua y recorrieran sus primeros metros, con el propio triatleta talaverano poniéndose en remojo y probando los 30 grados que arrojaban las aguas niponas.

Tras la segunda salida llegaba una enorme pelea de 1.500 metros de natación, con la primera boya como siempre de embudo de paso de los participantes. El primero en salir vivo de esta fue el chileno Diego Moya, mientras que más atrás y peor parado salía nuestro representante, que además se llevaba un golpe involuntario de un rival que lo dejaba algo mermado y cayendo a posiciones traseras del pelotón.

De hecho el paso intermedio por el agua dejaba al talaverano en el puesto 41, a 21 segundos de la cabeza, que en este caso ostentaba el francés Vincent Luis. El resto de españoles, Mario Mola y Javier Gómez Noya, tampoco iban mejor que Alarza, pues los tres se movían en los mismos tiempos.

En el segundo parcial acuático trató de recomponerse Fernando Alarza, gastando unas buenas energías para no perder mucho tiempo en el agua y decir adiós a sus opciones de medalla. Capeó el temporal buenamente como pudo el cerámico, que salía en el puesto 41 hacia la primera de las transiciones.

En el sector ciclista de primera se formaba un grupo peligroso con el propio Vincent Luis, el ruso Dimitry Polyanskiy, el alemán Jonas Schomburg, el neozelandés Tayler Reid y el sudafricano Henri Schoeman. Poco a poco a ellos se le fueron sumando unidades, mientras que por detrás iba un segundo grupo perseguidor de favoritos con el británico Alex Yee, el noruego Kristian, Blummenfelt, el belga Marten Van Riel…

Para ver a los españoles había que ir a un tercer grupo en el que tanto Mario Mola como Javi Gómez Noya pasaban al mando de las operaciones mientras que Fernando Alarza permanecía en la cola del grupo tratando de hacer el menor desgaste posible para llegar con un extra al sector de la carrera a pie.

Los 40 kilómetros fueron madurando consiguiendo conectar primero el grupo perseguidor y más adelante ese tercer grupo de los españoles, quienes llegaron a recortar los 41 segundos de desventaja que llegaron a tener cuando el sector ciclista alcanzaba su mitad. Por entonces el luxemburgués Stefan Zachaus ya buscó una aventura en solitario que le dudaría un par de vueltas.

Un par de giros más tarde al de Luxemburgo le reemplazaba en el liderato en solitario el suizo Andrea Salvisberg, quien llegó a aventajar en 14 segundos al grupo cuando hacía entrada dentro de la T2 dispuesto a calzarse las zapatillas y afrontar unos últimos 10 kilómetros de auténtica locura.

Y es que como una marabunta el pelotón iba a devorar al escapado a la par que se fue fragmentando con el paso de los kilómetros. Altísima humedad y puestos de hidratación prácticamente en cada recodo de un trazado que tan pronto ofrecía amplias rectas como cambios de sentido de esos que joroban y mucho.

Ese grupo cabecero lo empezó a dirigir el británico Álex Yee con verdadera mano de hierro, apenas nueve unidades lograron mantener un ritmo uniforme y por detrás llegaron las fragmentaciones, quedando nuevamente los españoles relegados a un tercer grupo, lo que les ponía las medallas francamente complicadas.

El primero que tiró la toalla fue Javi Gómez Noya. El Gran Capitán se quedó sin fuelle y dejó el testigo tanto a un Fernando Alarza como un Mario Mola en busca de la heroica. Pero estaban demasiado lejos, en el caso del talaverano a 49 segundos falta de los últimos 2.500 metros.

Y fue desde ahí donde el de Talavera de la Reina optó por la estrategia de tirar hasta reventar e ir recogiendo cadáveres, al igual que su compañero, que llegaba décimo clasificado en línea de meta, mientras que Fernando Alarza entraba un par de posiciones por detrás, siendo duodécimo y mejorando su puesto olímpico logrado en Río de Janeiro.

Por delante la victoria fue para el noruego Blummenfelt, quien atacó en la última vuelta y, aunque se llevó consigo tanto a Yee como al neozelandés Hayden Wilde, fue el que mejor jugó sus cartas para convertirse en campeón olímpico, dejando la plata al Yee y el bronce a Wilde, llegando los tres exhaustos a meta y con el premio de llevarse los metales de Tokio en la prueba masculina de triatlón.